Los días que la realidad mata
y te hundes profundamente en tu mentira
que piensas que es tu verdad
pero no deja de ser fantasía
que no te deja escapar.
Esos días son mortales,
tan mortales
y sedientos de sangre
que las prisas vuelan
y el malhumor
se altera.
No sólo eso deja de escapar mi perseverancia
guardada en paquetes de encina
ya podrida por el olvido
y la avaricia
del que gana pero
no se da cuenta de lo que pierde.
Aquellos días deberían morir
tanto como las ganas que se ponen
cuando los pelos en punta rozan
el raspante frío.
Aquellos días te hacen morir
con los ojos cerrados
y el alma despierta.
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